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¿Cómo el lugar nos encontró?
Gemma escribe: Los años de la adolescencia en los que no conocí la paz de encontrar un lugar que ofreciera la ayuda necesaria para pasar de la confusión a la claridad, abrieron las puertas al deseo profundo de crear un espacio dónde todos tengan derecho a la confusión y dónde a partir de la belleza y el acompañamiento personalizado, cada persona pueda abrirse a la claridad.
Quince años después, la necesidad de un lugar dónde encontrarse a uno mismo aún me parece urgente. Me lo dicen los ojos de la gente, la insatisfacción, la prisa… 

 

Nathan escribe: Desde la primavera de 2005, Zohar y yo hemos estado buscando en España un lugar para crear un Open Centre. Habíamos oído que España estaba llena de casas rurales a la venta: seguramente que encontraríamos un lugar para ofrecer descanso y conexión con la naturaleza. Por supuesto, encontramos muchos lugares: muchos lugares casi perfectos. Recuerdo estar sentado en un naranjal apartado situado exactamente debajo de un manantial que corría, suavemente, alimentándose de las frutas esplendorosamente maduras de los árboles, pensando: “éste es”.

El sueño se vino abajo cuando nos dijeron que la casa pertenecía a cinco hermanos que no se dirigían la palabra y que el sublime naranjal pertenecía a otra persona que no tenía absolutamente ningún interés en venderlo. Y luego, después de ver la casa de piedra más increíble construida delicadamente sobre un túnel que dejaba pasar un poderoso río, escuchar que el dueño estaba fuera de todo alcance y comunicación desde hacía una década en las selvas de Sudamérica, comenzamos a darnos cuenta de que todo sueño tiene un revestido de nubes.

Pero seguimos visitando lugares, explorando ruinas y haciendo nuevos amigos. Un día Gemma estaba con una vieja amiga y, mientras hablaban de un tema acabado de sacar del horno, su amiga le dijo: “¿Sabes cual sería un lugar perfecto para vuestro proyecto?” Todo el cuerpo de Gemma cayó en un éxtasis de emoción mientras iba oyendo. Entonces su amiga le dijo: “¡Oh, no! No debía haber dicho esto! ¡Oh, no!, es un secreto. No, no. Olvídalo”. Pero ya era demasiado tarde y Gemma comenzó a utilizar sus artes de sonsacar para obtener la información de su amiga. Gemma parece conocer a todo el mundo en Cataluña e igual parece que ha vivido en todo lugar habitable en esta región. Entonces podemos imaginar con poca sorpresa que el próximo paso en la historia comprendía un amigo mutuo llamado Joan que estaba viviendo en un pueblo en el que Gemma había vivido un tiempo. Resulta que siete años antes Joan había aceptado la tarea de encontrar una propiedad para su maestro con la finalidad de ofrecer retiros espirituales y, en los dos últimos años, desde que su maestro se retiró, el lugar había estado sin uso. Un encuentro con Joan fue rápidamente concertado. Mientras Gemma conducía aquel diminuto coche, que le prestó la novia de su hermano, subiendo por las carreteras curvas para ver la propiedad en cuestión, Joan se giró hacia el asiento de atrás donde estábamos comprimidos Jaya, Zohar y yo y dijo entre carcajadas: “Os he hecho todo el trabajo”.

Mientras subíamos dirección a la casa, Joan continuó diciendo: “He visitado cerca de cincuenta propiedades en esta área y he hablado cinco veces más con propietarios y este lugar es único”. Llegados a este punto, ya habíamos estado en completo acuerdo con cualquier palabra que saliera de la boca de Joan y el continuó: “Tengo una larga lista de puntos que cada propiedad ha de cumplir: tiene que estar al final de una carretera, para que nadie conduzca a ningún sitio después de ti, pero  bien conectada —ahora mismo estamos exactamente a media hora del aeropuerto de Girona—; tiene que estar fuera de la vista de cualquier vecino, de manera que tu no puedas ver a nadie y nadie pueda verte a ti”.

El lugar estaba completamente rodeado por bosque y la casa principal y el resto de las edificaciones estaban en el centro de la finca, que se prolongaba hasta la cima de las colinas vecinas, llenas de árboles. Estábamos más acostumbrados a los alrededores secos y rocosos de Cataluña, al sur, y Zohar, mirando alrededor, preguntó: “¡Todo es tan verde! ¿Llueve mucho aquí?”. Joan respondió con una sonrisa: “Ya sabes, la gente llama esta zona los urinales de Cataluña. Cuando vine aquí por primera vez, fue el silencio el que me dijo que este lugar era perfecto. Me he pasado todo un año aquí y nunca he oído una simple motocicleta. Algunos no pueden soportar tanto silencio”. Y añadió: “Aunque, últimamente, me he dado cuenta que en las noches de verano, el sonido de los grillos está siendo más fuerte”. Mientras íbamos siendo remolcados por el energético Joan por los alrededores, nos rezagábamos comiendo higos del final del camino, o dejándonos seducir por las deliciosas uvas de las edificaciones de la periferia y, luego, conducidos hasta el exterior de la puerta trasera de la cocina, divinamente acabada, por invitación de los jugosos kakis.

Después de que vimos los interminables dormitorios y baños en la casa, visitamos la futura sala de meditación, nos dieron una lección en modernos sistemas alemanes de filtración de agua —y su almacenamiento— y de que nos presentaran al increíblemente generoso sistema de irrigación, Jaya bromeó diciéndole a Joan:

—Esto tiene casi todo en nuestra lista de deseos
—¿Casi? —le preguntó Joan— Si, no tiene un campo de fútbol. Pero tiene un jugador de fútbol ex-profesional. —Dijo Joan, señalándose a sí mismo y riendo. —Venid, quiero enseñaros algo más.

Mientras descendíamos a través de caminos repletos de hojas, Joan recordó cómo las limpiaba a mano y explicó cómo, en la tradición de su maestro, la pulcritud es muy importante. Me di cuenta de cómo todo estaba en su sitio en el pabellón de las herramientas, cada llave de la casa estaba rotulada, y cómo las camas y los colchones en las habitaciones estaban envueltos en cubiertas protectoras. “Este es un sitio bien cuidado”, pensé.

Al fin, no pudimos ir más lejos. Un árbol había caído, bloqueando el camino: a nuestra derecha había una pendiente infranqueable y debajo nuestro, a nuestra izquierda estaba el río, que corría a través de la finca. Joan nos contó acerca de la máquina misteriosa que había sido nuestra finalidad: cómo bombeaba agua colina arriba sin necesidad de electricidad y, entonces, estuvimos quietos durante un tiempo escuchando al delicioso sonido del agua cayendo debajo. Él volvió a la cima de la colina y nos contó la increíble historia de cómo una pierna rota finalizó su carrera como jugador de fútbol y cómo pasó de perderlo todo a encontrar su maestro en la isla de Ibiza. Estábamos llegando al fin de nuestra visita, así que le pedimos a Joan:
— ¿Cuál es el precio de esta finca?
— Esto no lo sé. Hasta hace poco este lugar no estaba a la venta. Sólo porque preguntasteis acerca del lugar, le conté de vosotros a mi maestro y le pedí si podríamos venderla, y él me dijo: “No está a la venta… pero a ellos podríamos vendérsela

Joan Sonrió. Parecía contento de que este lugar que él ama tanto pudiera convertirse de nuevo en un centro para la práctica espiritual. “Venid”, dijo, “tenemos tiempo, dejadme que os muestre la cascada”.

 



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