| ~Esfuerzo
y relajación
La
mayoría de nosotr@s sabemos cómo realizar un esfuerzo
con tensión. En nuestros retiros, todos podemos experimentar
cómo se realiza el “esfuerzo invertido”, es decir,
el esfuerzo basado en la relajación.
Al
comienzo de la práctica meditativa, e incluso más
adelante, resulta inevitable que nos peleemos con nuestros hábitos
mentales más arraigados. Pero no debemos asumir que siempre
será así.
Al principio, la conciencia se basa en el intelecto. El intelecto,
o mente consciente, no puede funcionar continuamente, por lo que
el esfuerzo resulta bastante irregular, con altibajos. Pero el esfuerzo
adecuado será a menudo el mismo esfuerzo que necesitaríamos
para sostener el pétalo de una rosa sobre la palma de la
mano: no se necesita mucha fuerza, sólo continuidad en la
intención, como un río que fluye.
Esta continuidad nos llegará de forma natural en la medida
en que accedamos al amable poder del corazón. Si deseamos
que el corazón dirija y refuerce nuestra práctica,
conviene fomentar la propia motivación y el descanso.
Motivación
propia
Intenta
recordar una ocasión en que hiciste algo sólo porque
te apetecía hacerlo, no porque pensabas que debías
hacerlo, ni porque fuera a proporcionarte dinero, prestigio o reconocimiento.
Si puedes recordarlo, recordarás también lo bien que
te sentías.
En los retiros abiertos, se dejan libres de actividades programadas
cuatro tardes y un día completo, de manera que todos tenemos
ocasión de encontrar nuestra propia motivación y disfrutarla.
No es necesario encontrar un pasatiempo excitante y nuevo con el
que “llenar” el tiempo “vacío”. Procura
encontrar qué es lo que más te gusta y céntrate
en eso, en vez de dejar que el tiempo libre pase en la indolencia
o la actividad excesiva.
Profundo
descanso
Descansar
es un arte. Intentamos relajarnos todos los días, pero en
realidad tampoco sabemos cómo hacerlo. A menudo creemos que
antes deberíamos hacer “cosas más importantes”
para poder después disfrutar de un merecido descanso. Pero,
por una razón o por otra, el momento del descanso nunca llega.
El descanso aporta a la meditación frescura, energía,
afabilidad, incluso alegría, beneficiando así enormemente
nuestro crecimiento personal.
Podemos comenzar a descubrir el descanso mediante la práctica
del arte de descansar:
1).
Túmbate durante al menos media hora todos los días
sin hacer absolutamente nada. Ni una lista de cosas que hacer, ni
leer, ni escuchar música.
2).
Una vez que tu práctica meditativa esté centrada en
las sensaciones corporales u otros aspectos del “mundo interior”,
puedes tumbarte durante la misma. Para evitar dormirte, puedes mantener
un brazo en alto; si comienzas a adormecerte, despertarás
al caer el brazo. Incluso si llegaras a dormirte, el descanso reparador
sería más beneficioso que intentar mantener una postura
rígida, como si estuvieras en la oficina y por lo tanto,
fácilmente creando aversión a la práctica.
De hecho, la meditación después de despertar probablemente
será fresca y lúcida.
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